cuentos cortos y largos

Los cuentos son capaces de generar imágenes en la mente de los niños, y estas pueden llegar a impulsar su imaginación a niveles nunca antes vistos. De ahí que muchas veces, la ayuda de algunos cuentos cortos y largos para los más pequeños de la casa, contribuyen a que estos sean capaces de ser creativos y a que expandan su capacidad de adaptarse a situaciones y solucionar problemas.

Por otra parte, las narraciones literarias escritas por autores Latinoamericanos son capaces de brindar diferentes puntos de vista en cuanto a las regiones de este continente. Es común encontrar algunas características en estos, los cuales permiten identificar con facilidad que son de cierta región o las características del género en el que se especializan. Por ello, todos estos cuentos cortos y largos en español pueden brindar incontables ventajas a las personas que disfrutan de su contenido.

Estos son los 5 Cuentos Latinoamericanos más famosos

1. El Mono y la naranja

Érase una vez, un mono muy ocurrente y travieso, al que le picaba en gran manera la cabeza, por lo que no podía dejar de rascarse. A su vez, estaba empeñado en comerse una naranja, pero, obviamente, no podía desconchar esta fruta si tenía ambas manos ocupadas; por lo que se le vino a la mente una idea con la que podría hacer ambas cosas a la vez.

Primero, agarró la naranja con la boca y tiró de la cáscara con sus dientes, pero la acidez de la naranja le dejó un sabor desagradable; por lo que tuvo que escupir para poder quitar el mal sabor en la boca ¡Hasta le dieron ganas de vomitar! Luego, pensó en sostener la fruta con el pie, e ir desarraigando la concha con la mano derecha mientras aún se rascaba con la izquierda. Pero aunque el plan estaba dando resultados, tuvo que desistir, ya que estaba en una posición incómoda.

Posteriormente, se sentó en el suelo y retiró poco a poco la cáscara con la mano derecha, pero el fruto se le escapaba y se le escurría. Hasta intentó succionar el jugo de su interior, pero la piel gruesa de la naranja estaba tan dura, que no podía exprimir bien lo que había dentro. El mono ya no sabía qué hacer, hasta que se le ocurrió que podría dejar de rascarse por un par de minutos, comerse la naranja con ambas manos y luego seguir.

Este razonamiento fue el que lo ayudó a dar en el clavo, puesto que pudo quitar la cáscara de la naranja con la mayor facilidad posible. Luego, después de tantos intentos, logró saborear la naranja con mucho placer, y sentir el equilibrio entre dulce y ácido que tiene la deliciosa fruta; después de limpiarse las manos, subió al árbol en el que vivía a seguir rascándose la cabeza con sus dedos gigantes.

La moraleja:

Es posible que, muchas veces, algunos de nosotros tengamos que hacer dos tareas a la vez; sin embargo, en vez de hacerlas al mismo tiempo, es mejor dedicar toda la atención a una sola de ellas, y luego de terminarla correctamente, iniciar con la otra. Solo así, podremos evitar una gran pérdida de tiempo valioso que se puede emplear en otras tareas; además de asegurarnos de que todo salga de la mejor manera posible.

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2. El gallo y los carneros

Había llegado la primavera para un rebaño de ovejas de una granja, todos los carneros y las ovejas se despertaron una mañana profundamente sobresaltados. Básicamente, había una pelea entre dos jóvenes carneros, los cuales se hallaban uno enfrente del otro a la vez que chocaban sus cuernos. Todos se preguntaban qué era lo que ocurría, hasta que un corderito empezó a regar la voz de que el motivo de dicho duelo era por el amor de una oveja de la que ambos estaban enamorados.

Todos se preguntaban cuál de los dos se convertiría en el futuro esposo de la ovejita, la cual también estaba presente en el duelo. En medio de la riña, había un gallo que se encontraba de visita y que se había colado en el corral, se sentó en medio como si fuera un invitado especial y el centro de atención. Al ver la pelea, empezó a gritar a toda voz y de forma desconsiderada, que solamente eran un par de payasos haciendo bobadas.

Los carneros que estaban presenciando todo, se veían unos a otros, y hasta empezaron a murmurar sobre qué se creía este gallo. Luego, el visitante siguió gritando que no comprendía para qué tanto escándalo, si la oveja era exactamente igual a las demás, y que no había razón por la cual pelearse. El carnero más experimentado, quien era el jefe del clan, le pidió que se comportara.

No obstante, el gallo no le hizo el menor caso al carnero, pero este lo puso en su lugar, y le dijo que, aunque él sabía mucho de gallinas, huevos, nidos, etc. Esa era la tradición que la especie de los carneros llevaba haciendo durante siglos; de manera que el gallo sintió una gran vergüenza y admitió que se había pasado de listo, por lo que se fue inmediatamente sin decir adiós, mientras los carneros seguían peleando por la oveja.

La moraleja:

El cuento del gallo y los carneros nos enseña que, aunque es cierto que cada uno de nosotros se encuentra en el derecho de expresar su opinión, hay que tener en cuenta que, a la hora de expresar nuestro punto de vista, hay que considerar lo que los demás piensan. Además, tampoco hay que juzgar algunos aspectos que no conocemos, y menos si esto se emplea para despreciar u ofender a los demás.

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3. Lui, el niño desobediente

Algunas historias cuentan que, hace muchos años, en una ciudad de Puerto Rico que se llama Aibonito, había una pareja que tenía tres hijos y dos hijas. En el caso de la madre y sus hijas, se ganaban el sustento diario limpiando las casas de otras personas; a la vez que el padre y los hijos varones eran leñadores, y se aseguraban de vender la materia prima a los carpinteros locales. Sin embargo, Lui, el niño más pequeño, de 14 años, era un vago que odiaba estudiar y trabajar.

Lo peor de toda esta situación, era que cuando sus padres le pedían que hiciera un mandado, Lui se molestaba muchísimo; por lo que sus padres ya no sabían qué hacer para remediar esta situación que se estaba saliendo de control. Un día, se aproximaba una gran tormenta, y para estar preparados en caso de que hubiera un apagón, le pidieron a Lui que fuera a comprar algunas velas y unos cerillos.

Lui no estaba dispuesto a hacerle el favor a su madre, pero esta le repitió con autoridad que fuera a hacerlo, mientras estaba de camino, comenzó la tormenta y el río creció. Por lo que tenía que cruzarlo, y mientras iba por la mitad de este, una gran ave lo sostuvo por la camisa con sus garras y lo elevó como una presa, de manera que Lui empezó a clamar por ayuda. Quienes se dieron cuenta, empezaron a gritar al pájaro, de manera que este soltó al jovencito, dejándolo caer.

Lo bueno de todo, es que Lui no cayó en el suelo, sino sobre unos arbustos cercanos, pero a pesar de ello, se hizo varios moretones. Los vecinos locales empezaron a ayudar al jovencito del matorral en el que estaba enredado y se encargaron de trasladarlo a casa; y cuando llegó, su madre se encargó de cuidarlo para que se recuperara. Al despertar unas horas después, Lui reconoció que había sido un desagradecido, y le prometió a su madre que, de ahí en adelante, sería un buen chico.

La moraleja:

Los padres siempre se encargan de dar lo mejor a sus hijos, y hacen todo lo posible por cuidarlos cuando estos se enferman; además de muchas otras cosas que hacen por ellos. De ahí que es importante que, si los padres piden un favor a sus hijos, estos deben hacerlo con el mayor gusto posible, y no de mala gana. De esta manera, todos podremos ser felices, en un hogar donde exista amor y no malas actitudes.

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4. El origen de las manchas del jaguar

Se dice que hace miles de años, mientras aún el ser humano no había pisado la tierra, hubo un ejemplar de jaguar que fue testigo de un acto impresionante. Este animal era sumamente alegre, puesto que tenía muchos alimentos, además de que vivía en la península de Yucatán, un lugar sumamente hermoso; también le gustaba salir a pasear en la noche por el bosque, pero su pasatiempo favorito era lamer su pelaje, el cual era completamente rubio y sin manchas.

Mientras dormía debajo de un árbol de aguacate, se despertó por el ruido que hacían tres monos, los cuales competían por quien podía arrancar más frutos maduros. El jaguar, muy molesto, les pidió que dejaran de jugar y lo dejaran dormir, pero como estos no le hicieron caso, se levantó y les enseñó los colmillos; pero estos ni siquiera se inmutaron, en vez de eso, siguieron jugando, hasta que uno de los aguacates cayó sobre la espalda del jaguar.

A medida que la pulpa se iba derramando por el pelaje, el aguacate seguía formando una gran y asquerosa pasta; por ello, el felino se comportó como una fiera, ya que no podía creer que acababan de dañar su hermoso y sedoso pelaje dorado. Al ver su reacción, los tres monos salieron huyendo, y mientras estaban a salvo, decidieron hacer algo al respecto para remediar tal situación, así que decidieron acudir a Yum Kaax.

Este era el dios encargado de proteger a las plantas y a los animales, también era muy querido por todos, puesto que era muy amable y sabio. Los tres animales le contaron a la divinidad lo sucedido, y este los reprendió por haber molestado al Jaguar, y les exigió que debían trabajar limpiando sus campos y recogiendo la cosecha; de esta forma, pretendía enseñarles una lección para que maduraran.

El jaguar obtiene sus manchas

El dios les dijo a los monos que debían lanzarle unos cuantos aguacates a punto de podrirse al jaguar, pero que esta vez, las manchas serían permanentes; así, este aprendería a ser mucho menos engreído. El felino, ingenuo de lo que estaba ocurriendo, se acostó de nuevo a dormir sobre la hierba, luego de limpiarse las manchas de aguacate. Los monos lanzaron los aguacates que olían muy mal, y cuando el jaguar despertó, se contempló lleno de manchas con mucha pulpa negra y viscosa.

Uno de los tres monos le dijo al felino que habían cumplido a cabalidad con las órdenes dadas por Yum Kaax, y que de ahí en adelante, todos los descendientes del jaguar, tendrían manchas oscuras. Y cuando este fue a lavarse, no podía disolver las manchas que tenía, por lo que, con mucha tristeza, tuvo que aceptar el castigo que le dio el dios. Por lo tanto, de ahí en adelante, los monos tienen prohibido jugar con aguacates y los jaguares tienen motas.

5. La mazorca de oro

Hace mucho tiempo, en Perú, había un matrimonio joven que tenía 5 hijos, pero que cuya vida era tan dura, que no podían comprar cosas lujosas. Todos los miembros podían subsistir gracias al cultivo de maíz en su pequeño terreno; gracias a este, podían hacer pan y algunas tortas para que los niños comieran, e incluso, por las tardes, salían a venderlo por unas cuantas monedas de plata.

Mientras que la mujer era una trabajadora laboriosa, el esposo de esta era una persona que no hacía nada, siempre estaba de holgazán dando paseos mientras los niños estaban en la escuela. Un día, la joven empezó a limpiar las mazorcas del día, pero se contristó mucho al ver que no había tantas como para que todos comieran, y menos para vender; si su esposo le diera algo de ayuda, no estarían en esta situación, sino que tendrían un poco más de comida.

Ante tal situación, rompió en llanto y le pidió a Dios que le tuviera compasión y la ayudara a encontrar una solución; en ese instante, se dio cuenta que en una de las esquinas del granero había algo que brillaba con intensidad, a pesar de que aún no había salido el sol, el brillo era cegador. Mientras seguía llorando, no podía evitar ver que el destello de luz seguía brillando.

Por ello, decidió investigar de qué se trataba, y a medida que se iba acercando, la fuerte luz se iba intensificando, hasta que llegó al lugar de origen de la misma. Se sorprendió en gran manera al darse cuenta de que se trataba de una gran mazorca de oro, y de la cual salían incandescentes rayos de luz. Poco se imaginaba esta mujer que encontraría una mazorca dorada que la ayudaría en gran manera.

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La familia se beneficia en gran manera de la mazorca

Al contemplar que lo que tenía en sus manos era real, la mujer vio hacia arriba, y estuvo muy agradecido con Dios porque había escuchado sus plegarias. De esta manera, llevó la mazorca con sumo cuidado, y fue a buscar a su esposo, el cual se encontraba profundamente dormido sobre una hamaca durante varias horas.

Luego, la esposa le contó al hombre lo ocurrido, y este, muy avergonzado, empezó a tomar cartas en el asunto respecto a su vida. Logró entender que, hasta ese momento, solamente su esposa se había hecho cargo de las responsabilidades del hogar, los hijos y el sustento, por ello, desde ese instante, su actitud cambió para siempre.

La familia vendió la mazorca de oro, y disfrutaron de algunas cosas que siempre habían querido, luego, arreglaron la casa, efectuaron la compra de un terreno más grande. Y los niños crecieron felices y estuvieron sanos por el resto de sus vidas, de esta manera nunca les volvió a faltar nada.

Muchos de estos cuentos han estado presentes en diversas revistas y libros, las enseñanzas que son capaces de dejar todas estas historias, son muy buenas para inculcar valores en los más pequeños. En algunos casos, se habla de la pobreza, el amor, o el origen de ciertos hechos.

De cualquier forma, de lo que no nos cabe la menor duda es que, con estos cuentos cortos y largos latinoamericanos, los niños podrán aprender muchas lecciones de vida; además de impulsar su imaginación a posibilidades infinitas que los beneficiarán el resto de sus vidas.